De archivo a cultura viva: las historias detrás de Cuerpos, imágenes de santos y muertos

“Cuerpos, imágenes de santos y muertos” se adentra en las representaciones construidas por los esclavizados y sus descendientes en el siglo XVIII, en las provincias de Cartagena y el valle del río Cauca. Este libro, presentado en la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Cali, no solo analiza cómo estos grupos humanos reinterpretaron elementos fundamentales de su realidad, como el cuerpo, las imágenes religiosas y los muertos, sino que también destaca la vigencia de estas expresiones culturales en la espiritualidad, religiosidad, música y baile de sus descendientes hoy.

Su autor es el profesor Luis Fernando Muñoz Sandoval, un académico caleño que lleva más de una década enriqueciendo la Comunidad educativa del Colegio Bolívar. Con una sólida formación en estudios históricos y culturales, y un doctorado culminado en 2019, Luis Fernando ha combinado su experiencia como docente y coach instruccional con una notable capacidad investigativa, lo que lo ha llevado a ser reconocido por la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, su alma mater, “por su destacado ejercicio profesional, sentido ético, liderazgo y contribución a la sociedad en los diferentes espacios donde hace presencia”.

En esta entrevista exploramos algunos detalles y el impacto de esta obra reciente que conecta el pasado con el presente de la identidad afrocolombiana.

Soy Licenciado en Historia de formación, lo que significa que tengo un componente pedagógico, pero en la universidad, al menos en el tiempo en que yo hice mi pregrado, el énfasis sobre la investigación histórica era más fuerte que el que se hacía sobre investigación y reflexión pedagógica, entonces gran parte de los estudiantes terminaban siendo más historiadores que licenciados. Yo soy uno de esos que siguió por la línea de la historia como ciencia social, como campo de investigación.

Hice mi pregrado y, a partir de allí, comencé a interesarme en temas historiográficos, elegí uno, ese continuó siendo mi tema de estudio en la maestría, y finalmente se extendió hasta el doctorado. Gran parte del producto de ese proceso está contenido en mi libro.

Sí, básicamente enmarcada temporalmente en el siglo XVIII. Esa ha sido hasta el momento la temporalidad que más me ha llamado la atención.

Lo primero que hay que decir es que las fuentes del historiador son los documentos viejos, los documentos antiguos que no están en las bibliotecas sino en los archivos históricos. Mis fuentes principales están localizadas en el Archivo General de la Nación en Bogotá, el Archivo Histórico de Cartago y el Archivo Histórico de Cali.

También consulté otras fuentes que no están en archivos físicos, por ejemplo, el Archivo de la Arquidiócesis de Popayán que también es colonial y que está microfilmado en el Archivo General de la Nación, también el Archivo Histórico Nacional de Madrid cuyo fondo Inquisición, se encuentra en parte microfilmado en el Instituto Colombiano de Antropología e Historia en Bogotá.

Para esta investigación me interesaron también algunos otros documentos disponibles al público general en Google Books y ARCHIVE.ORG, que consisten en libros del siglo XVIII de autores viajeros, religiosos y militares que anduvieron por las costas occidentales del continente africano.

Mi interés era conocer la forma como percibían los esclavizados en el siglo XVIII los elementos de su realidad, me interesaba conocer su propia percepción porque ellos no escribieron, quienes lo hicieron fueron otras personas que jugaban papel de esclavizadores, tenían y compraban esclavos, y con ese filtro escribieron.

Una discusión académica es si se puede hacer historia de pueblos que no escribieron. Ese es uno de los problemas que quería enfrentar y lo hice armando un dispositivo metodológico mediante el cual doy voz a esos sujetos y dejo ver la forma como percibían estos los tres elementos del título del libro. Por cierto, esos tres elementos se me hicieron muy visibles desde el comienzo en las primeras fuentes que consulté y fui ampliando a medida que consultaba más documentos en todo un trabajo de comparación sistemática.  

Sí, claro, desde el documento se puede ver cómo los pueblos han sido protagonistas de la construcción de su propia cultura. El siglo XVIII es sólo una muestra de un proceso mucho más extenso y que termina en las practicas del presente, los productos de funebria, los productos del baile, la plasticidad tan particular que tienen las personas afrocolombianas hoy. Este libro examina todo esto en el siglo XVIII y otorga sentido a todos estos productos culturales de la actualidad.

Es cierto que las fuentes no muestran en detalle las prácticas y creencias hoy vivas en las comunidades, pero son invaluables para explorar cómo se fue construyendo la lógica que hay detrás de estar y darle voz a los sujetos, volverlos protagonistas de la formación de su propia cultura.

Hay que entender que la esclavización intentó cosificar al sujeto, volverlo una mercancía. Se intentó vaciar a estos sujetos de su cultura, proceso que se llama deculturación.  Y llenarlos de una cultura ajena o aculturación. Ese proceso, que se intentó con la religión, mediante la evangelización, se extendió a todos los elementos culturales, pero no se dio como esperaban los esclavizadores, por lo contrario, hubo más bien un proceso que se ha llamado transculturación, en el que los esclavizados toman, adoptan, pero también prestan a otros elementos culturales.

En el libro lo que yo destaco es que el sujeto esclavizado no es pasivo, o sea, no acepta de forma pasiva lo que se le impone desde la cultura dominante. Hay unas razones por las cuales acepta la cultura dominante de forma sencilla, de forma aparentemente muy pasiva, en realidad cuando acepta, pone a jugar todo a su favor. Entonces este proceso de transculturación tampoco es fortuito, sino que, tal como intento mostrar, hay unas dinámicas alrededor de este, hay una racionalidad de los sujetos implícitos, que adoptan cosas y le cargan de un sentido.

Para dar un ejemplo: al santo católico que está en el altar y al que se le debe rendir devoción, los esclavizados no le ven problema en adoptarlo, el asunto aquí es de qué forma lo adoptan. En el libro muestro cómo los santos terminaban en medio de unas dinámicas sociales que las personas, los religiosos y las autoridades civiles del momento no entendían. No entendían qué hacía un santo en medio del alboroto de las fiestas, y hoy tenemos ejemplos de eso en Chocó con San Pacho, que ni siquiera es San Francisco, sino que es Pacho el que está en la fiesta, el que baila, el que fuma y el que bebe.

Yo hice todo un esfuerzo, desde el primer momento en que empecé a desarrollar la investigación, de hacer un texto digerible a un público no especialista. De hecho, esa intención fue rápidamente percibida por los evaluadores, tanto de mi tesis doctoral, porque este libro en gran manera hace parte de ella, como también de los evaluadores de la editorial, quienes señalaron que este libro está escrito para un público amplio. Obviamente hay un rigor académico, por ejemplo, los pies de páginas son extensos a veces, son notas aclaratorias que necesita el historiador o el experto, pero la forma en que está escrito tiende a ser narrativa. Eso responde a la intención de que las personas que no son expertas lo lean.

Hay unos capítulos que incluso yo les recomiendo a las personas que me preguntan por la mejor manera de leerlo. La introducción puede ser tediosa para las personas que no son especialistas, porque aquí menciono los referentes bibliográficos, la metodología, las fuentes, pero un capítulo como el 2 donde se empieza a hablar sobre el cuerpo y las formas de percibirlo puede resultar más atractivo.

Yo creo que, viviendo en una ciudad donde la población afrocolombiana es tan visible, es importante interesarse por comprender a través de estudios historiográficos y antropológicos los productos culturales que ya hacen parte de nuestra realidad. El Petronio Álvarez hoy, por ejemplo, es uno de los eventos culturales más grandes que tiene Colombia, sino el más grande como festival. De hecho, se está replicando en pequeñas versiones y el evento es de interés de una buena cantidad de extranjeros muy interesados en los productos culturales que allí se exponen. Como locales nos vendría a bien comprender cuál es el antecedente de estas manifestaciones, pero también las razones detrás de lo evidente.

Cuando uno se forma como historiador, la investigación se vuelve parte de tu esquema mental. Si bien esta investigación académica es personal, dentro de mi trabajo en el Colegio no puedo prescindir de las herramientas que esta me otorga. Lo que hago como coach instruccional me exige estar al día con lo que dice la investigación sobre el aprendizaje profesional. De hecho, hace poco, con la supervisión del Director de Aprendizaje, se realizó una revisión bibliográfica exhaustiva sobre el Coaching Instruccional y la medición del impacto en profesores y estudiantes.     

En ese sentido la investigación siempre va a ser una estructura mental que me acompaña en mi trabajo. Por otro lado, lo que voy a decir es algo que han dicho todos los investigadores, no solo historiadores: Una investigación, no es un producto totalmente terminado, siempre surgen muchas preguntas que dan lugar a nuevas inquietudes y por lo tanto a nuevos proyectos. Mi libro es un resultado parcial de una gran cantidad de interrogantes que se han venido formulando en mi cabeza.

Creo que lo que en este momento me inquieta tiene que ver más con eso que se ha llamado pensamiento mágico o pensamiento simbólico, pero ya no propiamente en la población esclavizada en la colonia, sino en las poblaciones cada vez más mestizas del siglo XVIII.  Esa será una inquietud para los fines de semana y las noches, cuando tenga tiempo favorable y pueda avanzar en la investigación. Clic aquí si le interesa conseguir el libro

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