Mientras planificaba el próximo Jardín Bolívar, fui a ver cómo iban las plantas de frijol que quedaban, solo para encontrarme con que un enorme tronco de un árbol de chiminango se había roto y destrozado la terraza, destruyendo el techo, los postes de plástico y la cerca, además de las plantas de frijol. La destrucción fue enorme: no solo el techo y los soportes quedaron aplastados, sino que las ramas del árbol cubrieron las plantas de frijol que estaban creciendo.


Todos nos pusimos manos a la obra para limpiar los destrozos. Mis alumnos y yo trabajamos con sierras de mano y machetes para cortar las ramas más visibles y retirar palos y hojas de la terraza.

Luego, Segundo y Eduardo, dos de los jardineros de la escuela, llegaron con una motosierra para cortar los enormes troncos.

Durante la siguiente clase y en el Jardín Bolívar, retiramos la madera del jardín y limpiamos la zona.
Ahora tenemos que pensar cómo reparar la terraza temporalmente para poder plantar calabazas sin que se las coman, y cómo protegerla para el futuro.
